Una historia de corrupción oficial y torturas atrás del escándalo de la novia de César Yáñez

octubre 27, 2016 La Jornada de Oriente / Cuitlatlán

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CUITLATLÁN

FERMÍN ALEJANDRO GARCÍA

El escándalo de Dulce Silva Hernández, la mujer detenida por supuestamente intentar apoderarse de un predio de la zona de Angelópolis que fue incautado a la empresa Invergroup, la misma que defraudó a miles de ahorradores en el sexenio pasado, no se reduce a la disputa del predio en cuestión, sino que esconde una larga cadena de actos de corrupción y torturas que involucra a personal de los penales y de la Fiscalía General del Estado (FGE). Dicho conflicto le provocó al empresario Edmundo Tiro Moranchel sufrir dos años de segregación –en las prisiones de Tepexi de Rodríguez y de San Miguel–, tormentos e intentos de despojarlo de varias propiedades.

El escándalo saltó a la opinión pública debido a que Dulce Silva Hernández es novia de César Yáñez, uno de los voceros de Morena, y se ha utilizado el tema para intentar dañar –por enésima vez– la imagen de Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, lo grave de este asunto no ocurre por el supuesto intento de Yáñez de negociar con la FGE la liberación de su pareja, sino por lo que ocurrió antes de que la mujer fuera detenida por las autoridades encargadas de la procuración de justicia.

Lo que a continuación se narra es resultado de una conversación que Edmundo Tiro Moranchel sostuvo este miércoles con el columnista. El empresario se comunicó desde el penal de San Miguel –donde está recluido desde el año 2010– por medio de la línea telefónica con el número 0002244215901. Esta es su versión:

El predio que ha salido a relucir en este asunto, que se ubica en la zona de Angelópolis y que tiene un valor de por lo menos de 4 millones de dólares, en el año 2011 se dispuso por los parte de los dueños de Invergroup que sería utilizado para pagar el daño a ahorradores que acusaron de fraude a los hermanos Tiro Moranchel. En ese año se propuso que se abriría un fideicomiso para ese propósito y lo único que quedaba era lograr un acuerdo con cada uno de los demandantes.

De manera sorpresiva, con la ayuda de funcionarios del penal de San Miguel, representantes de una empresa y Dulce Silva Hernández se presentaron ante Edmundo Tiro Moranchel para supuestamente ofrecer sus servicios para tres propósitos: contactar a los defraudados y convencerlos de aceptar el trato antes mencionado, crear el fideicomiso y ejecutar la reparación del daño, a cambio de que los agraviados se desistieran de la acción penal contra los propietarios de Invergroup.

El primer año –entre 2011 y 2012– todo iba bien, dentro de los acordado. De pronto Tiro Moranchel se percató que ni la empresa ni Dulce Silva Hernández estaban conduciendo el asunto para pagar a los defraudados, sino orientaban sus acciones a lograr que el terreno en cuestión dejara de estar incautado y se pudiera comercializar. Es decir querían hacer un gran negocio.

Al surgir ese reclamo, la empresa se retiró.

En cambio –dice Tiro Moranchel– Dulce Silva Hernández siguió insistiendo en que la mejor opción es que le cediera los derechos de la propiedad, y para ello contaba con la contribución de un importante notario de la ciudad de Puebla.

Lo que primero era un intento de negociación, de pactar un negocio, se fue volviendo en una constante presión, un acoso, una exigencia.

Según sostiene Tiro Moranchel que las facilidades hacia Dulce Silva Hernández para que se acercara a negociar con él se debía a que existía el interés de agentes del Ministerio Público de que se concretara la operación, y que no solo cediera los derechos del predio de Angelópolis, sino también otras propiedades que le fueron incautadas a Invergroup.

Es decir, miembros del gobierno del estado estaban operando para que esas propiedades, en lugar de usarse en el pago de los daños a los defraudados se usaran para un jugoso negocio inmobiliario.

La negativa de Edmundo Tiro Moranchel le costó que un día del año 2013, sin que le notificaran y le justificaran el movimiento, fue trasladado abruptamente del penal de San Miguel a la prisión de Tepexi de Rodríguez. Ante la prensa se dijo que era porque se habían descubiertos planes para que se fugara.

Allá en Tepexi de Rodríguez lo segregaron al módulos de castigos. Ahí en varias ocasiones lo golpearon. En una de tantas palizas le lesionaron con severidad un ojo y un oído. Hasta la fecha padece de dolores crónicos por esos tormentos.

Hasta la celda de castigo llegó una supuesta agente del Ministerio Público y le dijo: “Por chistocito te lo ganaste” (sic), e hizo el intento de que firmara varios documentos, a lo que se negó.

Sus abogados lograron que en 2015 se ganara un amparo y eso obligó a las autoridades penitenciarias del estado a regresarlo al penal de San Miguel.

Durante dos años se congelaron los juicios en su contra. No se avanzó en la solución del problema, siendo los principales damnificados los ahorradores que perdieron su dinero en Invergroup y no ven ninguna salida a su difícil situación económica.

Luego de que lo segregaron en Tepexi de Rodríguez perdió toda pista de Dulce Silva Hernández, hasta que en esta semana se enteró de que está detenida por intentarse apoderarse del predio de Angelópolis, acusada de manejo de recursos económicos de procedencia ilícita.

A lo largo de la plática, Tiro Moranchel por lo menos en cuatro ocasiones se congratuló de que la hayan detenido.

Y en igual número de ocasiones le juró a este columnista que nunca le cedió los derechos del predio de Angelópolis ni aceptó algún pago de ella.

Sigue esperanzado en que ese terreno le sirva para obtener su libertad, en un encierro que está por cumplir seis años.